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XXXI Domingo del Tiempo Ordinario - Ciclo A

DOMINGO XXXI DEL TIEMPO ORDINARIO
05 de noviembre de 2017 – Ciclo A

¿Por qué será que al escuchar el texto que este domingo nos presenta el evangelista san Mateo miramos hacia otra parte? ¿Por qué será que pensamos que las palabras de Jesús les vienen muy bien a los demás? ¿Por qué no tenemos la valentía de aplicárnoslas a nosotros? 

Cierto, Jesús encara en primer lugar a los maestros de la ley y los fariseos, pero previamente dice que habla tanto para el pueblo como para sus discípulos, a la vez que expresa su malestar por el comportamiento de aquellos. 

Pero, cuidado. La advertencia de Jesús es también para los pastores. No quiere que obliguemos a los demás a caminar inclinados, sino más bien para que sintamos el gozo de nuestra labor y las ganas de hacer el bien. Viene muy bien a las religiosas y religiosos para que saboreen la fidelidad en la tarea. Y a todos los cristianos, llamados a servir con el ejemplo de vida. 

Hoy se estila mucho y se siguen los consejos de los asesores de imagen. ¿Qué imagen proyectamos con nuestro modo de proceder? Me llamó poderosamente la atención en la Visita ad límina de los obispos del Perú al Papa Francisco el que en la Secretaría para la Comunicación nos presentaran a un Papa no en vertical, sino inclinado; inclinado hacia el niño, el enfermo, el drogadicto, el encarcelado, el emigrante… 

Hemos de evitar a toda costa la tentación de decir y no hacer. La tentación de echar la culpa a los demás ocultando nuestras incoherencias. No vale aquello de «En una alforja / llevo los vicios. / Los ajenos delante, / detrás los míos». Aunque no logremos nunca acompasar nuestro decir a nuestro hacer, hemos de esforzarnos, con la gracia de Dios, a reducir distancias. 

Lejos de nosotros la tentación de ser maestros irreprensibles, pero modelos impresentables. Que puedan decirse de nosotros aquello de «Son hermosas las palabras en la boca de quien las pone en práctica». ¿Con qué cara vas a corregir a tu hijo que un fin de semana llega pasado de copas si tú te emborrachas con frecuencia? 

Para terminar, nos vendría muy bien acoger la confesión de san Agustín: «Si enseño el bien y obro el bien, imítame; si por el contrario, no cumplo lo que enseño, tienes el consejo del Señor: haz lo que enseño, mas no lo que yo hago; en todo caso, nunca abandones la cátedra católica». 

+ Fortunato Pablo Urcey, OAR
Obispo prelado de Chota 

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