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I Domingo de Adviento - Ciclo B

DOMINGO I DE ADVIENTO
3 de diciembre de 2017 – Ciclo B

Al inicio de un nuevo año litúrgico, la Palabra de Dios de este domingo nos introduce en el preparar la venida del Señor con esperanza, y sobre todo con profunda fe. 

Cuando Israel había ya retornado de su exilio en Babilonia continuó recayendo en sus muchos pecados. Representando a todo el pueblo, el Tercer Isaías afirma: “Todos éramos impuros”. Pero muy a pesar de sus debilidades, hay en las palabras del profeta una toma de consciencia de la realidad de todo el pueblo: “Señor, tú eres nuestro padre, nosotros la arcilla y tú el alfarero: somos todos obra de tu mano”. Cuando el hombre reconoce que es Hijo de Dios, que es obra de sus manos, todo no puede ser sino mejor. Es como si se dijese: “Dios es nuestro Padre y con Él todo va estar bien”. Se trata también de una actitud de confianza y abandono: “nosotros la arcilla y tú el alfarero”. No hay mejor manera de vivir la fe que poniendo la propia vida en las mejores manos. Y las palabras del salmista manifiestan la misma actitud: “Señor, Dios nuestro, restáuranos, que brille tu rostro y nos salve”. De allí se desprende el fruto de una vida nueva, con el propósito firme de alejarse del mal para vivir con el Señor: “No nos alejaremos de ti; danos vida, para que invoquemos tu nombre”.

A la iglesia de Corinto, una comunidad a la que san Pablo dedicó mucho tiempo como maestro y pastor, le exhorta ahora a mantenerse firme hasta el final, recordando que el primero en ser perseverante es el mismo Señor: “Dios le llamó a participar en la vida de su Hijo, Jesucristo Señor Nuestro. ¡Y Él es fiel!”. Para el creyente la fidelidad es la prueba de la verdadera fe, de la profunda adhesión a Dios y a su proyecto salvífico. 

Al inicio del capítulo 13 de su evangelio, Marcos presenta un diálogo prolongado entre Jesús y sus discípulos acerca del final de los tiempos, de lo que sucederá antes de la llegada del Hijo del Hombre entre nubes, con gran poder y gloria (cf. Mc 13,1-26). Las palabras que más se subrayan en toda esa conversación se concentran en esta frase: “Velen entonces, pues no saben cuándo vendrá el dueño de la casa”. Jesús es el Señor de la vida y de la historia, es el dueño de la casa que ha confiado a sus criados. Un día regresará, aunque no se sabe cuándo; lo importante es esperarlo sin temores y con un corazón atento y vigilante. Perseverar en la fe significa creer siempre y vivir de acuerdo a lo que se cree, significa no estar dormidos, pero también desear y pedirle al Señor, como lo hacemos en el Padrenuestro, que venga su reino, que se manifiesta a nosotros, que brille su rostro y nos salve, para que, con las palabras de Pablo, la gracia y la paz de parte de Dios, nuestro Padre, y del Señor Jesucristo sean con nosotros. 

Un feliz camino espiritual de Adviento para todos.

P. Raúl Luna Miranda
Párroco de la Parroquia Santa María de la Reconciliación. 
Diócesis de Carabayllo

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